Reseña escrita por Lorena Arámburu Hernández
Centro Cultural Iberoamericano
Mi psiquiatra siempre insistió en que tenía que vivir el presente, dejar de añorar el pasado y rodearme de situaciones que me volvieran a alegrar y hacer sentir mejor. En esta ocasión hago referencia a una más de sus lecturas.
Muerte en Venecia de Tomas Mann, fue publicada en 1912. Este escritor alemán, nacionalizado estadounidense, fue el último gran novelista del siglo XIX. Se le recuerda por el profundo análisis crítico que desarrolló acerca del alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX. Para ello tomó como referencias principales a la Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer, ganando el Premio Nobel de Literatura en 1929.
En cuanto a libro, el escritor realiza una lectura de su contexto histórico interpretando la realidad contemporánea. Gustav Aschenbach es un escritor alemán, que considera que los viajes se deben tomar de vez en cuando, por lo que inicia un viaje a Venecia, como escapatoria de la sociedad en la que vive así como de su propia vida. Al llegar a la ciudad, en vez de encontrar hermosura y liberación, se enfrenta a una ciudad de lucro y corrupción, sucia y enferma, en un ambiente utilitario y decadente, cuya economía es completamente mercantil y materialista. Para Gustav el ideal de belleza, en un contexto totalmente idealizado, sería un individuo hombre, joven y bello (como el mismo libro dice); hombre, porque sólo en la fisiología masculina la magnitud de la belleza se encuentra ordenada; joven, porque de esta forma se es inocente pues todavía no se ha sufrido la contaminación del mundo que lo rodea; y bello, porque sólo así se logra llegar al espíritu, al punto máximo de la divinidad.
Es así como Gustav en la búsqueda de recuperar su inspiración perdida se enamora de Tadzio, un niño de 12 años que vacaciona con su familia en el mismo hotel donde se encuentra el escritor. Dado que está presente la peste, miles de turistas se van pero Gustav decide quedarse y renunciar a su vida con tal de tener a Tadzio cerca a pesar de que este ni supiera de la existencia del escritor. Cuando Tadzio se va, lo único que le queda a Gustav es la muerte. Al final del libro se nos hace saber el pesar que en el mundo se ha suscitado por la muerte del artista.
Lo interesante del libro es que por más que el escritor trata de revivir los antiguos valores, estos al ser parte del pasado, no pueden regresar. La vida es transitoria, y la muerte en este caso, es la derrota de luchar contra algo que ya es completamente obsoleto, que ya fue y que ya no será.*
Mi psiquiatra siempre insistió en que tenía que vivir el presente, dejar de añorar el pasado y rodearme de situaciones que me volvieran a alegrar y hacer sentir mejor. En esta ocasión hago referencia a una más de sus lecturas.
Muerte en Venecia de Tomas Mann, fue publicada en 1912. Este escritor alemán, nacionalizado estadounidense, fue el último gran novelista del siglo XIX. Se le recuerda por el profundo análisis crítico que desarrolló acerca del alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX. Para ello tomó como referencias principales a la Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer, ganando el Premio Nobel de Literatura en 1929.
En cuanto a libro, el escritor realiza una lectura de su contexto histórico interpretando la realidad contemporánea. Gustav Aschenbach es un escritor alemán, que considera que los viajes se deben tomar de vez en cuando, por lo que inicia un viaje a Venecia, como escapatoria de la sociedad en la que vive así como de su propia vida. Al llegar a la ciudad, en vez de encontrar hermosura y liberación, se enfrenta a una ciudad de lucro y corrupción, sucia y enferma, en un ambiente utilitario y decadente, cuya economía es completamente mercantil y materialista. Para Gustav el ideal de belleza, en un contexto totalmente idealizado, sería un individuo hombre, joven y bello (como el mismo libro dice); hombre, porque sólo en la fisiología masculina la magnitud de la belleza se encuentra ordenada; joven, porque de esta forma se es inocente pues todavía no se ha sufrido la contaminación del mundo que lo rodea; y bello, porque sólo así se logra llegar al espíritu, al punto máximo de la divinidad.
Es así como Gustav en la búsqueda de recuperar su inspiración perdida se enamora de Tadzio, un niño de 12 años que vacaciona con su familia en el mismo hotel donde se encuentra el escritor. Dado que está presente la peste, miles de turistas se van pero Gustav decide quedarse y renunciar a su vida con tal de tener a Tadzio cerca a pesar de que este ni supiera de la existencia del escritor. Cuando Tadzio se va, lo único que le queda a Gustav es la muerte. Al final del libro se nos hace saber el pesar que en el mundo se ha suscitado por la muerte del artista.
Lo interesante del libro es que por más que el escritor trata de revivir los antiguos valores, estos al ser parte del pasado, no pueden regresar. La vida es transitoria, y la muerte en este caso, es la derrota de luchar contra algo que ya es completamente obsoleto, que ya fue y que ya no será.*

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